La verdad es que al principio no tenía ni idea de sobre qué hacer este corto. Me obligué a grabar sin saber el qué quería grabar, así que empecé con lo típico: grabar por la ventana del bus. Al pasar los vídeos al ordenador, aproveché y pasé todas las fotos y vídeos que durante dos años había ido acumulando en la tarjeta de memoria.
Bueno, al ver lo que había grabado me di cuenta de que era imposible convertir eso en un corto, porque además me había sentado al lado de un cristal rayado y se veía fatal todo; y ya que estaba me puse a ver el resto de fotos y vídeos que había pasado. Y entonces me di cuenta de que prácticamente el 90% de esos momentos fotografiados o grabados se me habían olvidado, y que los había recordado porque en su día se me había ocurrido inmortalizarlos.
A partir de ahí, empecé a pensar sobre la de días estupendos que se habrán ido de mi memoria solo porque no tengo una foto que me los recuerde, y la idea salió sola, usando parte de esas “imágenes de archivo” y grabando algunas cositas que tenía por casa (e intentando salvar algo de eso grabado camino a casa).
Y también he llegado a la conclusión de que siempre siempre siempre voy a llevar una cámara de fotos en el bolso, para que a partir de ahora ningún gran momento vuele de mi cabeza.
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