18.10.13

Huecos - Thais Intxaurtieta






A la hora de pensar a cerca de este tema, sobre lo que conlleva que siempre llevemos en el bolsillo (o siendo más realistas, en la mano) la herramienta –o el arma- para capturar, difundir y tratar TODO lo que nos rodea, no he podido evitar que se me venga a la mente el episodio “White bear” de Black Mirror. En esa pieza nos plantean una sociedad observadora e impasible que a pesar de tener frente a ellos verdaderas barbaridades, o por lo menos, acontecimientos poco usuales, lo único que hace es grabarlo con su móvil, manteniéndose al margen de lo que les rodea.

(White Bear, Black Mirror -Channel 4-)

 Y no creo que esto esté tan lejos de la realidad. No hay más que entrar en youtube para observarlo. Nos convertimos en testigos totalmente legítimos de todo lo que acontece a nuestro alrededor, y esa legitimidad nos la da sin lugar a dudas la prueba o evidencia de lo que estamos diciendo es cierto, ese clip o fotografía que hemos registrado del hecho con nuestro teléfono móvil. Y la difusión de ese material nos convierte en testigos a todos los demás de lo que sucede. Parece que nos acostumbramos a no interceder en la realidad y nos abstenemos a ser observadores (a través de la pantalla), como si lo que sucede a nuestro alrededor fuese un documental donde no podemos interceder para no alterar la realidad. Consumimos videos que nos alarman u ofenden, quizá comentamos lo horrible de su contenido en alguna red social y nos olvidamos y pinchamos en otro enlace.

Ahora ya, hablando en concreto de la práctica que hemos realizado, creo que todos, de cierta manera hemos “practicado” en este ámbito de utilizar el móvil para contar algo de alguna manera antes de afrontar este proyecto, ya que la mayoría de las personas que tiene un smartphone tienen una cuenta en Instagram, Vine o cualquier aplicación parecida donde exponemos contenido que hemos construido con el móvil. Nos exponemos, porque existe una íntima relación entre el dispositivo y la persona, ya que lo que grabamos lo hacemos en primera persona. Creo que esta herramienta ayuda a crear una intimidad y confianza con la persona que lo maneja, que permite de alguna manera que nos mostremos más que si fuese con algo a lo que no estamos tan familiarizados y por tanto nos puede imponer más.

Al margen de todo esto, también me gustaría apuntar algunas peculiaridades de trabajar con el móvil. Es un objeto que bajo mi punto de vista ayuda a la improvisación, a probar sin miedo, pero que también creo que por esas mismas razones no impone “respeto”. Es una relación parecida a la de la fotografía analógica y digital, la primera podemos pensar que es más estudiada por norma (implica un desembolso económico) y la segunda es más espontanea. Evidentemente el móvil se sitúa en esta última. Hacer una mala toma o fotografía con el móvil no tiene más consecuencias que tener que borrarla. Por eso puede parecer que no es algo tan serio. Y también, que tendemos a objetualizar la seriedad de la pieza en relación con la calidad de la herramienta capturadora. En cuanto a la calidad de la imagen, evidentemente está en relación con el terminal en concreto, en mi caso no he encontrado ningún “obstáculo” como el pixelado extremo. Aunque el pixelado en cierta parte no hace más que darle realidad al relato, es tendencia relacionar la “nitidez” (calidad, tratamiento de la imagen) con la ficción.

Como conclusión final, creo que esta relación entre persona/objeto (en este caso el teléfono móvil y en concreto su cámara) conlleva tanto cosas positivas como negativas. Las positivas son quizá más evidentes, la facilidad para grabar lo que acontece, la sencillez con la que podemos tratar la imagen, la rapidez para tenerlo colgado en internet y difundirlo, no tener que dudar si queremos (podemos) grabar o fotografiar algo, la ligereza de los clips y que no ocupan demasiado espacio… En fin, un sinfín de pros y facilidades que nos da tener un objeto así. Pero como todo lo bueno tiene sus peligros: nos abstrae, nos aleja de la realidad, porque cuando grabamos algo dejamos de observar ese suceso o imagen para observar el vídeo, el registro de esa realidad.


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