Cuando se nos planteó hacer un trabajo con el móvil lo primero que
pensé son todas las posibilidades que esta me ofrecería. Era un reto personal,
pero sobre todo una búsqueda interna. Tener que expresar porque estoy
estudiando Comunicación Audiovisual era un ejercicio muy difícil.
Al principio empecé a buscar dentro de mí y de lo primero que me
di cuenta es que no quería hacer algo convencional. Quería expresar con
palabras que el cine no es un camino único, que hay vida más allá. Contar que
en los márgenes hay mucha gente trabajando. Donde los efectos especiales o las
historias inverosímiles dejan su espacio a la primera persona. A esos trabajos
que son personales, donde las autores se graban a si mismas y se exponen al
público. Donde en la película no pasa nada porque simplemente en las sociedades
homogéneas de hoy en día todos siguen el mismo camino. Donde la creatividad y
el ingenio están por encima del dinero. Donde la pantalla en negro dice más que
una imagen cargada de contenidos. O donde un solo sonido nos ayuda a crear acontecimientos.
Entonces un día cualquiera, haciendo algo dentro de mi rutina
semanal me llevó a sacar el móvil, justo en ese bar y justo en ese momento. La
agenda donde tenía apuntadas la ideas se quedo dentro del bolso. Al empezar a
grabar no sabía si eso lo podría utilizar después en el trabajo. Solo sabía que
tenía que ser así. Grabé lo que siempre hago, pasar tiempo hablando de cine.
Pero todavía no era capaz de darme cuenta de que ese sería el video final. Solo
lo supe que cuando me vi grabando como bebía el Cola Cao. En ese preciso
momento me di cuenta que eso era lo que estaba buscando con este trabajo. El
poder expresar con imágenes todo aquello que al principio quería expresar con
palabras.
Mi mente empezó a crear, a imaginar como expresar como me sentía.
Por eso aparecen las lámparas en el trabajo. Al mirar la luz te ciega, pero si
esperas un poco tus ojos se acostumbran y empiezas a ver lo que de verdad hay.
Y así es como me sentí al grabarlo. No sabía nada, pero esperé y finalmente
supe qué era. Que no tenía que buscar, no tenía que crear espacios artificiales
o crear una historia para expresar porqué quiero estudiar comunicación
audiovisual. Eso tenía que salir de mí, y así fue. Además el ambiente y la
música del bar también estaban conmigo. Yo estaba en el momento concreto, en el
lugar correcto y con la persona perfecta para hacer este trabajo.
Por eso en cuanto me doy cuenta que empiezo a ver donde antes no
veía, empiezan los fotogramas en negro. Empiezo a ver en la oscuridad, no me
hace falta mostrarlo todo. Esa es la magia del cine, ver donde el resto no ve.
Entender que hay más allá de lo que podemos ver a simple vista. Y por todo esto
no tenía sentido escribir una pautas de grabación. Este ejercicio debía ser
personal y totalmente espontaneo. Porque al final para mi estudiar Comunicación
Audiovisual es eso, es tan simple como una manera de vida. Un estar
predispuesta a crear cuando sea y estar abierto a las sorpresas que aparecen.
No rechazar nada solo por el hecho de que no estuviese en mis planes iniciales.
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