23.10.13

Todo es cine-Ramón Hernández

Es remarcable que, en nuestra sociedad, cualquiera lleva una cámara encima en todo momento. Esto facilita la obtención de información y la labor periodística. Cualquiera que presencie un acontecimiento que pueda ser noticioso puede sacar su teléfono móvil y filmarlo.  De hecho, ya es habitual que en los telediarios salgan imágenes grabadas con el teléfono móvil o la cámara de algún “video aficionado”.

Pero en mi cortometraje trato de hablar de cine. Y para esta industria creo que no es demasiado productivo, para empezar, porque el cine es arte, y este requiere de una elaboración.  Las grabaciones  con el teléfono suelen darse en situaciones inesperadas, en las que uno no ha previsto inmortalizar nada, simplemente surge la oportunidad y se aprovecha.  A la hora de realizar un corto o un largo, sea del tipo que sea,  debe existir un guión y una serie de patrones a seguir. La espontaneidad y la improvisación no son la base. Por este motivo opino que el surgimiento de esta herramienta no va a adquirir excesivo peso en la industria cinematográfica. A la hora de realizar nuestro corto me parece que perjudica a la elaboración, ya que teniendo al alcance herramientas de mayor calidad, emplear esta perjudica al trabajo.

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