Es remarcable que, en nuestra sociedad, cualquiera lleva una cámara encima
en todo momento. Esto facilita la obtención de información y la labor periodística.
Cualquiera que presencie un acontecimiento que pueda ser noticioso puede sacar
su teléfono móvil y filmarlo. De hecho,
ya es habitual que en los telediarios salgan imágenes grabadas con el teléfono
móvil o la cámara de algún “video aficionado”.
Pero en mi cortometraje trato de hablar de cine. Y para esta industria creo
que no es demasiado productivo, para empezar, porque el cine es arte, y este
requiere de una elaboración. Las
grabaciones con el teléfono suelen darse
en situaciones inesperadas, en las que uno no ha previsto inmortalizar nada,
simplemente surge la oportunidad y se aprovecha. A la hora de realizar un corto o un largo,
sea del tipo que sea, debe existir un
guión y una serie de patrones a seguir. La espontaneidad y la improvisación no
son la base. Por este motivo opino que el surgimiento de esta herramienta no va
a adquirir excesivo peso en la industria cinematográfica. A la hora de realizar
nuestro corto me parece que perjudica a la elaboración, ya que teniendo al
alcance herramientas de mayor calidad, emplear esta perjudica al trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario